El Ministerio de Sanidad ha pasado de los dichos a los hechos, y lo que se venía oliendo desde hace ya bastante tiempo finalmente ha tomado forma; una forma, como no podía ser de otra manera, polémica.
Ya en el mes de mayo, Trinidad Jiménez, titular de la cartera de Sanidad, había anunciado la medida resultado del acuerdo alcanzado con el Ministerio de Igualdad, en el marco de la Estrategia de Salud Sexual y Reproductiva del Gobierno. La finalidad: evitar embarazos “no deseados” (no planificados en todo caso), “problema” más mediático que social, pero en todo caso tan visibilizado que permite usarse como esquivo a otras cuestiones si cabe más embarazosas.
La cuestión es que no hay píldora ni pastilla que cambie a la sociedad, ergo, ¿es este un problema social o es que simplemente no salen las cuentas? Si algo es cierto es que cualquier lectura superflua no llegará más que a conclusiones superfluas. Y ahí nos hemos quedado, porque la oposición se limita a hacer lo que mejor se le da: oponerse, sin más.
Pero volvamos a la polémica, en esta, como en otras tantas cuestiones nos creemos pioneros, cuando más bien vamos a la cola. Y es que son ya unos cuantos países en los que la libre dispensación de este medicamento es ya una realidad. Francia incluso ha ido más lejos y ha pasado a financiarlo, y no sólo eso, sino que también ha llevado la poscoital a los institutos. Y allí nadie se queja, y allí gobierna la derecha, y allí lo mismo van por delante, quien sabe.
Pero situándonos, en España la polémica viene servida por si la dispensación de la poscoital es libre o controlada, habiendo quien defiende una cosa y quien defiende la otra. Libre porque así las adolescentes irresponsables llegan antes a las farmacias y controlada porque de tan irresponsables que son alguien tiene que estar ahí para echar la regañina antes de la dispensación. ¿Y la información?, ¿qué información?, ¿de qué hay que informar y a quien? Pues no se sabe, y el Ministerio tampoco debe saberlo, cuando un viernes tarde (25 de septiembre) envía una circular a las farmacias españolas a través del Colegio Oficial de Farmacéuticos indicando el inminente comienzo de la libre dispensación, al lunes siguiente (28 de septiembre) de buena mañana. Llega el lunes, llegan las poscoitales y las adolescentes irresponsables, pero la información no llega, ¿y porqué no llega?, pues porque se ha quedado “colgada” en la web del Ministerio, donde casi ni los farmacéuticos la encuentran si la buscan. Con ello la polémica se hace un poco más polémica, pero esta vez con razón, y el Ministerio sale al paso prometiendo que enviará la información a los despachos de farmacia del país entero, y entonces uno se pregunta: si llevamos toda la vida sin postcoital, ¿qué razón de peso ha llevado a Sanidad a poner en la calle la postcoital con semejante premura sin la información, cuando dispone de ella y se compromete a distribuirla con posterioridad a la puesta en marcha de la libre dispensación? Uno entonces se sigue haciendo preguntas, porque las respuestas que halla son en exceso estúpidas.
Va a ser que es más importante la pastilla que la información, y si así fuere, ¿qué hago con la pastilla si no se que hacer con ella? Pues no, no es más importante, porque ahí, y ahora sí, está el origen de buena parte de las ideas e informaciones erróneas sobre la postcoital en particular y los anticonceptivos en general. Porque la postcoital no es abortiva, dado que su efecto es previo a la fecundación, con lo que no se puede abortar lo que no ha comenzado. ¿Entonces es anticonceptiva?, sí pero no, y es que a pesar de que su efecto ciertamente es contraceptivo, no es equiparable al de la píldora anticonceptiva de uso diario, por sus características y composición, y porque su finalidad es distinta. Con lo cual en su definición es anticonceptivo de emergencia frente a anticonceptivo de uso frecuente o diario, y si ponemos de nuestra parte para no confundir las cosas, es un medicamento de emergencia al que recurrir en situaciones de emergencia (argumentario anticonceptivo reservado a los profesionales que es a quien corresponde).
Pero no se queda ahí la polémica y la desinformación, ni mucho menos, va más allá. Pero la respuesta es sólo una, y es la necesidad imperante, básica y fundamental de informar y formar, y no en anticoncepción (sabemos que es sembrar en saco roto, valga la dilogía), sino en educación sexual. Y tampoco cuando urge, sino cuando es necesario. Pero esto precisamente es lo que desde ninguna instancia parece considerarse, y menos desde los poderes públicos, cuando nos hacen saber que:
La “receta sanitaria” es pastilla por problema, y con urgencia. ¿Resultado?, ninguno, y sino al tiempo.
Y aquí la guinda del pastel, que la libre dispensación va a disparar el uso de la poscoital. Pues probablemente lo dispare en las farmacias, evidentemente, en tanto que si antes había que ir con receta ahora te ahorras la regañina. Eso sí, sin contar con la dispensación sanitaria ampliamente extendida en las 10 Comunidades Autónomas en que se viene dando, que llevaba y seguirá llevando a cualquiera que lo necesite a ahorrarse los 18,76 que te cuesta en la farmacia. Y que por cierto, las adolescentes irresponsables no tienen para gastarse en poscoitales, ya que seguramente quieran invertirlos en otros artículos de mayor utilidad y/o interés para ellas.
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